Aprender a escribir XI – Que lo inverosímil juegue a tu favor

Posted on January 30, 2015

Narrar una historia se nutre también del fino arte de transformar lo inverosímil en verosímil. Cuando abrimos las páginas de un libro, como lectores firmamos un compromiso con el autor que consiste en que aceptaremos lo que su relato nos cuente como cierto mientras se ajuste a unas cotas de veracidad aceptables y necesarias.

Verosimilitud no significa realismo. El realismo consiste en relatar los hechos tal y como acontecen en el mundo real, sin desviación alguna. Lo verosímil, en cambio, trata de conseguir hacer pasar como real y común lo que a todas luces dista de ser cotidiano.

El ejemplo más elemental de este rasgo de la creación literaria sucede con el discurso que utilizan los personajes durante sus conversaciones. Todos somos conscientes de que los diálogos que nos encontramos en una obra tradicional no son realistas en el sentido formal. Las personas nos interrumpimos continuamente mientras hablamos y no solemos expresarnos con intervenciones tan largas, refinadas y ajustadas al buen hablar. Pero como lectores aprobamos esta forma de diálogos en la obra escrita porque nos resultan tan convenientes como verosímiles. Identificamos la pausada experiencia de leer un libro con un mayor y más pausado desarrollo de los diálogos entre personajes. Además, si los diálogos se ajustaran al estilo conversacional de la vida real, con todos sus errores, interrupciones, cavilaciones y elipsis, leer un libro resultaría una tarea ardua y desconcertante.

Este primer ejemplo de adaptación es simplemente formal y lógico por las exigencias del medio.
Pero también existen adaptaciones que se centran en el material narrativo en sí, es decir, en los propios acontecimientos de la historia, y que es lo que realmente nos interesa. Si los analizamos fríamente, aunque la realidad siempre supera a la ficción, los eventos que suceden en cualquier libro conforman en muchas ocasiones acontecimientos difíciles de creer cuando se muestran por separado, pero gracias al trabajo del autor, la connivencia del lector y la magia de la literatura, terminan por resultar creíbles.

Todos hemos visto películas ambientadas en el Lejano Oeste, donde forajidos, indios, cazarrecompensas y agentes de la ley se baten en duelo intercambiando disparos con sus viejos revólveres. Hace unos meses leí un artículo en la prensa en el que se aseguraba que el auténtico Lejano Oeste distaba bastante de este clima permanente de violencia y duelos al amanecer. Cualquiera de nosotros habría salido decepcionado de una fugaz visita a los desiertos y praderas norteamericanos.

Sin embargo percibimos ese entorno histórico recurrente en la ficción como veraz. Y esto es así tanto por costumbre como por el trabajo de los autores. El Lejano Oeste era una región donde todos podían portar armas, donde muchos llegaban en busca de fortuna o huyendo de su pasado, donde la fiebre del oro vivía su auge, etc. Al final, para el lector o el espectador no resulta complicado morder el anzuelo y sentir que lo que está viendo podría haber ocurrido en realidad, al estar al alcance de la mano los elementos para creerse la historia.

Como autor puedes escribir sobre cualquier cosa que te propongas y poner tú los límites con tu imaginación. Pero para que todo cobre sentido y el lector no perciba la historia como un engaño, el fondo del relato debe estar justificado, debes ir soltando pequeñas píldoras de información a lo largo del mismo que expliquen el porqué de las cosas y por supuesto, todo lo que ocurra debe sentirse como plausible, que no realista.

Ejemplo: La Isla del Tesoro

La habilidad de convertir lo inverosímil en creíble, juega a tu favor también dramáticamente, y aquí viene un ejemplo.

En “La isla del tesoro”, de Robert Louis Stevenson, el protagonista, el joven grumete Jim Hawkins, se infiltra en determinado momento en la goleta que ha llevado a él y a sus compañeros de tripulación a la isla, y que ahora se encuentra tomada por piratas amotinados.
Jim accede a la misma queriendo reconocer el terreno y cerciorarse de si es posible retomarla. Allí se encuentra con que ha habido una trifulca entre los piratas que guardaban la embarcación, y que todos han muerto salvo Israel Hands, el timonel, que se encuentra gravemente herido en una pierna.
Jim decide asistir al pirata haciéndole prometer que le ayudará a poner en movimiento la nave para llevarla a lugar seguro, proposición que Israel Hands acepta a regañadientes burlándose del muchacho y su capacidad de mando.
En cierto momento, Hands pide a Jim que le traiga una botella de ron de las bodegas. El joven grumete asiente pero en cuanto desciende a los interiores del barco, decide darse la vuelta inmediatamente y espiar al pirata en secreto. De esta forma comprueba cómo Israel Hands, pensando que Jim no le está viendo, comienza a moverse ágilmente y de forma veloz por la cubierta buscando un arma con la que tender una trampa traicionera al chico en cuanto regrese.

Si analizamos este instante, cualquiera de nosotros y de la mayoría de mortales, tras haber sido golpeados, apuñalados en la pierna, haber perdido sangre, permanecido inconscientes y despertar de una resaca, lo que menos desearíamos hacer sería movernos ni un paso del suelo. Eso es lo realista, la vida cuando sucede en su medianía poco interesante.

Pero la ficción es diferente. La ficción tiene que ser verosímil, no realista. La ficción elige versar sobre esos picos que surgen abruptamente en la línea recta de la vida y crear una historia alrededor de ellos.

Israel Hands es un pirata curtido, un animal y tiene tanta ansia de sangre y tanto odio hacia el pequeño Jim, que saca fuerzas desde su negro corazón para ponerse en pie y preparar una trampa mortal al joven. No es una persona normal, es un pirata con un terrible historial que además podría acabar en la horca si es detenido. Lo inverosímil es así fácilmente transformado en verosímil al recurrir a los antecedentes de este personaje.

El autor además aprovecha esta sobrenatural resistencia del pirata para añadir tensión dramática al relato. Jim es solo un niño y va a tener que hacer frente a un rufián que, aún herido y vapuleado, se descubre como un adversario letal que pretende arrebatarle la vida.
Por lo tanto, lo inverosímil, una vez transformado en verosímil, ayuda a su vez a aumentar el suspense y el drama en el relato. ¿Qué ocurrirá cuando Jim regrese y tan implacable rival le ataque?

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Amante de las letras profesional y escritor amateur. Comparto mi idilio con la literatura en sttorybox.com

Solo soy infiel a la escritura cuando me cruzo con el maravilloso mundo del cine y el dibujo.

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