Aprender a escribir XVI – La descripción física

Posted on March 18, 2015

En la anterior entrada de “Aprender a escribir” tratamos el concepto de rol, el primero de los apartados importantes a cumplimentar en cualquier hoja de personaje que pretendamos desarrollar. Hoy vamos a centrarnos en la descripción física, uno de los aspectos que integran la parte dedicada a la identidad.

La descripción física de un personaje es una tarea de importancia absolutamente relativa. Han existido escritores que han dedicado una atención escrupulosa a la constitución y aspecto de los protagonistas de sus libros, sin dejar en el aire ni un solo detalle sobre ellos, mientras que otros, en cambio, fueron partidarios de dejar a elección del lector la responsabilidad de la creación visual del personaje a partir de unas premisas básicas. Ambas actitudes consiguen resultados igualmente exitosos. No puede decirse que una historia fracasase porque un autor decidió no dejar por escrito el color de ojos de sus personajes.

La realidad es que los lectores ponen en funcionamiento su imaginación rápidamente en lo que respecta a poner cara y forma a aquello a lo que evoca el texto escrito. Este instinto de creación virtual humano es imposible de contener, tanto que incluso el lector en muchas ocasiones ignora inconscientemente todas las descripciones específicas que el autor introduce en su material, imponiendo su propio criterio. ¿Cuántos de nosotros imaginamos realmente un Jaime Lannister de melena rubia y rizada cuando leemos “Juego de Tronos”, tal y como indica específicamente G. R. R. Martin? ¿Hay alguien que no sea capaz de ponerle cara completa a Legolas de “El Señor de los Anillos” aunque Tolkien nunca indicase de qué color es su cabello en todo el libro ni la mayoría de sus rasgos? ¿Acaso cada lector no asigna un aspecto único a Holden Cauldfield en “El guardián entre el centeno”, ajustándolo al concepto de adolescente rebelde que cada uno tenemos como propio?

Nunca puede subestimarse la capacidad del lector para construir y modificar por sí mismo el mundo que nosotros le servimos en bandeja. Allí donde exista algún resquicio para la creatividad, verás su ingenio poniéndose manos a la obra para rellenar los huecos libres de tu creación, o aquellos que no le satisfacen. Es por esto que nuestro trabajo en materia de descripción física debe ser inteligente para, en lugar de distraer al lector con mucha información trivial que va a omitir, servir como guía a través del ejercicio de la lectura, aportando datos útiles para su cumplimiento.

La descripción física lógicamente tiene como objetivo primario retratar el aspecto de nuestro personaje para proveerle de una “vestimenta” dramática a través de la que poder existir. Pero es necesario que como todo componente dentro de una disciplina, la descripción física realice funciones adicionales para que su uso produzca ventajas económicas en términos narrativos.

La descripción física como rasgo identificativo

En primer lugar la descripción física puede realizar una tarea de identificación e individualización. Todas las personas nacen de una base común, pero cada una es única e irrepetible. La mejor manera de remarcar esto a un nivel superficial es recurrir a algún rasgo físico realmente característico. Destaca siempre por encima de lo demás lo inusual, lo que llame la atención, de tal forma que actúe como etiqueta distintiva del personaje en su relación con el resto.

Si además este rasgo se involucra en el argumento general o en el carácter del personaje, mejor que mejor. A veces un defecto físico es la razón que da sentido a toda una obra. Por ejemplo, en “El ruido y la furia” de Faulkner, el personaje de Benjy es un disminuído físico y mental cuya percepción del mundo es totalmente ajena a la de un ser humano corriente. En los capítulos tratados desde su punto de vista, la narración es completamente heterodoxa, sin puntuación, estructura e incluso sentido en ocasiones, evidenciando un estilo que busca plasmar de forma original la forma de entender la realidad por parte de Benjy.

Otras particularidades físicas, además de distinguir al personaje, pueden aportar información adicional sobre él. Por ejemplo, una cicatriz nos puede sugerir la existencia de un accidente previo ocurrido al personaje donde sufrió una gran pérdida, quedándole la herida como recordatorio permanente de un acontecimiento realmente traumático.

La descripción física como reflejo de la personalidad

La descripción física también puede actuar como una manifestación metafórica de la personalidad interior del personaje, de sus vicios y virtudes. A menudo la fealdad y la deformidad se asocia con aquellos personajes degenerados, traicioneros y caídos en desgracia, tal es el caso de Efialtes en la novela gráfica “300″. En ocasiones sucede lo contrario, la deformidad genera humildad y bondad en el personaje, como ya comentamos tomando como ejemplo la película “El hombre elefante”.
En el caso del aristócrata Oblonsky en “Ana Karenina”, su aspecto rollizo y semblante permanentemente ruborizado nos hablan tanto de su buena salud y buen comer, como de su estilo de vida absolutamente disipada.

En otros momentos el aspecto físico de un personaje es importante porque establece un fuerte contraste entre su apariencia real y la que se espera de su posición y personalidad. Por ejemplo, en “La Regenta”, Fermín de Pas, el sacerdote secretamente enamorado de la protagonista, Ana Ozores, es un hombre de músculos hercúleos y físico poderoso obtenido mediante el ejercicio, algo que desentona con la imagen tradicional del religioso entregado a la oración y la castidad que no tendría posibilidad con una mujer.
En “Juego de tronos”, Tyrion Lannister sufre de enanismo y no es agraciado, pero a pesar de su pequeña estatura posee cualidades gigantes en términos de astucia, inteligencia e incluso honorabilidad, lo cuál le permite desenvolverse como pez en el agua entre las intrigas de la corte real y desmarcarse del resto de miembros de su familia, caracterizados por disfrutar de tan buen porte y aspecto como de falta de escrúpulos.

Por último, la descripción física es la manifestación y ejecución última de las circunstancias de la propia historia. En “Germinal”, de Émile Zola, los mineros protagonistas del libro tienen los cuerpos castigados, los miembros retorcidos, la estatura disminuída, las carnes escurridas y afectado su desarrollo por los trabajos inhumanos en el pozo de carbón. Niños, hombres, mujeres y ancianos, todos conforman una raza esclavizada de seres caídos que inspiran lástima. Su aspecto físico no hace otra cosa que incrementar el dramatismo emanado de tal vida miserable.

Espero que estos consejos te sirvan para escribir mejores historias y, por supuesto, que las compartas con nosotros en Sttorybox.

Amante de las letras profesional y escritor amateur. Comparto mi idilio con la literatura en sttorybox.com

Solo soy infiel a la escritura cuando me cruzo con el maravilloso mundo del cine y el dibujo.

Comentarios

comentarios