Aprender a escribir XXIV – Cuando ganar significa perder

Posted on October 1, 2015

A medida que una historia avanza un personaje es forzado a realizar elecciones ante las circunstancias que se le presentan. La toma de decisiones es ejercida en función de su carácter, su personalidad y, por supuesto, de sus objetivos principales. Dependiendo de que las opciones seleccionadas sean acertadas o no, el personaje triunfará o fracasará. ¿Pero qué sucede cuando una elección tomada conscientemente por un personaje aporta un gran éxito para la consecución de la meta pero también un tremendo revés en otro aspecto? Pues que hablamos de que existe una ironía en los resultados, lo que se conoce como victoria amarga o sabor agridulce.

El aforismo “Sin sacrificio (o sufrimiento) no hay gloria” ilustra a la perfección cuál es el sentido que subyace bajo esta realidad. Como decían los romanos a su manera “Per aspera, ad astra”, esto es, solo a través de las dificultades se alcanza el triunfo. En definitiva, en nuestro camino hacia cualquier gran objetivo es inevitable tener que renunciar a ciertas comodidades o logros previos y también tomar decisiones extremas.

Por tanto podemos decir que en muchas ocasiones “Ganar significa también perder”. En términos narrativos recurrimos a este binomio compuesto por dos elementos diametralmente opuestos por las razones siguientes:

1) Dar valor añadido a lo conseguido por el personaje

Pocos son los momentos en los que la vida se presenta realmente fácil y sencilla, y es que la existencia se complica ante el más mínimo giro de acontecimientos. Lo que está claro es que la adversidad y la incertidumbre es lo que crea tensión e interés en cualquier relato. Un espectador o un lector no desea encontrarse con un personaje que transita por un camino de rosas y que no necesita esforzarse en la toma de decisiones. Tales privilegios son tan irreales como aburridos.

Es obligatorio colocar al personaje en la posición de perder algo cada vez que asciende un único escalón que lo acerque a la cumbre. Es decir, el personaje debe pagar peaje emocional o físico en el tránsito de la senda hasta la victoria de tal forma que cuando la alcance, tanto él como nosotros seremos capaces de valorar el tremendo esfuerzo y sacrificio realizado. Literalmente hemos sido testigos directos de todo lo que se ha perdido por el camino y del valor que tales pérdidas han otorgado indirectamente a la meta.

Cualquier historia de aventuras es el mejor ejemplo de esta idea. El personaje renuncia en primer lugar a su propia comodidad o estabilidad propia del hogar en pos de partir en búsqueda del cumplimiento de una alta misión o la obtención de un objeto, riquezas o fama. Durante el camino se enfrentará a desafíos heroicos y grandes empresas, pero si durante las mismas va perdiendo algún compañero de aventuras, parte de su inocencia o incluso su propia vida, la gesta será aún mayor de lo que parecía al principio de la narración.

2) Añadir tensión extrema al desarrollo de los acontecimientos

Creo que no hay ejemplo mejor para ilustrar este concepto que la escena más famosa de la película “El cazador”.

“El cazador” cuenta el cambio radical en la vida de Michael y Nick, dos jóvenes obreros de Pennsilvania, amigos desde la infancia, que son enviados a combatir a la Guerra de Vietnam. Durante los combates ambos caen prisioneros de fuerzas enemigas del Vietcong y durante su cautiverio serán obligados a participar en un juego de apuestas perverso ideado por sus carceleros: la ruleta rusa.

Michael y Nick son colocados en una mesa frente a frente y entre ellos se dispone un revólver cargado con una única bala. Michael debe tomar el arma, apuntarse a la cabeza y apretar el gatillo. Si la suerte le sonríe y no se vuela los sesos, cambia el turno, y debe ser Nick el que tome el revólver, se apunte a la cabeza y apriete el gatillo, y así alternativamente hasta que la única bala introducida en el tambor del arma sea colocada en la posición de salida del cañón y atraviese la cabeza de alguno de los dos por puro azar, terminando la apuesta con un único hombre vivo en pie.

Nótese como esta es una situación extrema de “Ganar y perder”. Michael y Nick son amigos íntimos que han compartido juegos, trabajo y afición por la caza desde niños. Son inseparables. Pero ahora se les está obligando a sobrevivir a cambio de participar de manera indirecta en la muerte del otro. Si Michael esquiva la bala letal, será Nick quien la recibirá y viceversa. El que sobreviva al juego mortal estará perdiendo al mismo tiempo a su mejor amigo en el peor escenario posible. Todo eso somos capaces de verlo nosotros como espectadores. Aunque la situación viene impuesta por la fuerza externa de los carceleros vietnamitas, entendemos que el resultado afectará de forma traumática al personaje que escape del trance, abrumado por la responsabilidad asociada a su participación en el hecho aunque sea de manera obligada. Los dos amigos se miran a los ojos mientras uno de ellos coloca el revólver en su sien y los carceleros discuten sus apuestas. Durante la escena de la ruleta rusa la tremenda tensión es palpable.

3) Ganar y perder como motivación de la historia

En muchas historias la elección entre itinerarios que aportan una ganancia y una renuncia profunda al mismo tiempo comienza desde el mismo principio del relato y actúa como eje vertebrador del mismo. De este modo lo que los lectores deseamos es comprobar qué camino entre las posibles opciones selecciona el protagonista y cuáles son el desarrollo y consecuencias finales del mismo.

Un ejemplo de esto puede encontrarse en “Anna Karenina”, donde la hermosa protagonista, que vive prácticamente una crisis existencial, se ve inmiscuida de forma inesperada en un romance con un joven militar que conoce durante un viaje a Moscú, llamado Vronsky.

El problema para Anna es que es una mujer casada con un hijo fruto del matrimonio, pero aún así se entrega a Vronsky poco a poco. Aquí se plantea la situación por la que ganar supone también perder. Si Anna quiere satisfacer sus deseos y llegar hasta las últimas consecuencias en su relación con Vronsky, debe plantear el divorcio a su marido, lo cuál supondría la pérdida inmediata de sus derechos sobre el hijo que tienen en común. Al mismo tiempo la infidelidad en la Rusia de la época suponía todo un escándalo, más cuando resulta que Anna, su marido y Vronsky se mueven por los círculos de la alta sociedad rusa, donde todo vicio que no es llevado de manera discreta se traduce en la aplicación de un estigma social y el rechazo público.

Por tanto Anna debe elegir entre vivir su amor con Vronsky tal y como le pide el corazón o mantener su reputación y status como mujer respetable y madre ejemplar. Ambas opciones interesan a Anna pero son incompatibles, optar por una supone perder la otra y el conflicto dramático está garantizado desde el principio con varios personajes implicados.

4) Obtener un final agridulce

Una de las más usuales aplicaciones del binomio “Ganar y perder” sucede al final del argumento. Cuando llega el clímax, aunque el personaje haya conseguido su meta, se suele optar en muchísimas ocasiones por aplicarle un severo castigo o contrapartida justo al final para equilibrar su victoria y así dar a entender que esta no ha sido tan completa o absoluta como para no haber quedado una marca negativa de recuerdo en el personaje. Los académicos denominan a este tipo de final como Final irónico.

Algunos ejemplos de este tipo (ojo, Spoilers del final de “El Señor de los Anillos” y “El viejo y el mar”).

En “El Señor de los Anillos” existe un final irónico en varios sentidos. En primer lugar el protagonista, Frodo Bolsón, tras completar la increíble misión de destruir el Anillo Único con éxito, se ve obligado a abandonar su hogar y a sus amigos para siempre para acudir a las tierras de Valinor que yacen más allá del mar en busca del descanso y el saber que sane las severas heridas que ha sufrido durante su viaje a Mordor.

A su vez, la destrucción del Anillo Único de Sauron supone la extinción del poder de los tres anillos de los elfos que dependían de él. Sin ellos sus portadores son incapaces de sostener la grandeza y belleza de los dominios élficos de la Tierra Media, que fueron construidos gracias a ellos. Así, aunque felices por la expulsión definitiva de Sauron, su mayor enemigo, los elfos también pierden en su victoria y se ven obligados a abandonar la Tierra Media para dar paso a la edad de los hombres.

En “El viejo y el mar”, lectura que recomendamos hace dos semanas, el viejo consigue capturar tras muchas horas de esfuerzos y soledad al poderoso pez espada que muerde su sedal. Pero su alegría dura poco cuando numerosos tiburones acuden para hacer un festín del cuerpo del animal amarrado al costado del pequeño bote del viejo. Impotente, el viejo contempla como su captura es despedazada y al final solo queda el esqueleto de espinas como prueba de su gesta. No obstante al menos los restos del animal sirven para conseguir la admiración de los vecinos del pequeño pueblo pesquero del viejo, así como para recuperar su confianza.

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Amante de las letras profesional y escritor amateur. Comparto mi idilio con la literatura en sttorybox.com

Solo soy infiel a la escritura cuando me cruzo con el maravilloso mundo del cine y el dibujo.

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