Aprender a escribir I: conócete a ti mismo

Posted on September 27, 2014

Una de mis categorías favoritas dentro del amplio abanico de la historia de la literatura es la de los clásicos griegos. Rebosan de heroicidad, divinidad y épica, como todos sabemos, pero también de mucho contenido sorprendentemente humano a través del dolor, el odio, la veneración, la hospitalidad, el amor, la sabiduría y la alegría más elementales. Esconden tal nivel de cercanía y un espíritu tan llano que sorprende comprobar la proximidad que mantenemos con aquellos lejanos antepasados. No son pocas tampoco las anécdotas y enseñanzas que, con una aplicación actual, se pueden extraer de estos escritos. Una de ellas me resultó especialmente reveladora y tiene que ver con el nivel de consciencia que tenemos de nuestra capacidad para dirigir nuestros propósitos a buen término, en este caso, convertirnos en escritores.

En “Los nueve libros de la Historia”, el historiador Heródoto narra episodios que tienen lugar en el conocido oráculo de Delfos, una institución griega dedicada a la adivinación a través del dios Apolo y a la que se dirigían héroes, reyes y plebeyos de toda Grecia buscando consejo para afrontar decisiones importantes en sus vidas. Las personas que acudían a este lugar sagrado se encontraban antes, inscrito en la piedra de la entrada del templo, el célebre aforismo “Conócete a ti mismo”.
Al llegar a este punto, el anotador de la obra (esa figura infravalorada pero imprescindible) nos indica que esa locución no significaba lo que muchos, incluidos los propios visitantes del oráculo, pensaban, es decir, que accediendo al oráculo adquirirían conocimiento sobre ellos mismos y su futuro. La expresión es en realidad una invitación a realizar un trabajo de exploración interior para descubrir que en verdad todos contenemos en nosotros mismos las respuestas a nuestras inquietudes y la explicación para el estado actual y venidero de nuestra vida. Nada es fruto del azar.
Es hora de trasladar este descubrimiento a nuestro afán por ser escritores.

1) Conócete a ti mismo.
Solo tú puedes saber sobre qué quieres escribir y cuándo es el momento para hacerlo. No hay oráculo que pueda ayudarte en esta tarea ni entidad ajena sobre la que dejar reposar la responsabilidad que te corresponde. La inscripción acusatoria en la entrada del templo te señala a ti.
En tu interior está el deseo de escribir y la inspiración, así que mira en tu corazón y reflexiona: hay algo que deseas compartir y plasmarlo en un papel para que otros puedan leerlo. Hay algo que necesitas decir. Tu primera tarea como escritor es descubrir eso mismo. El paso con el que comenzarás tu camino literario consiste en establecer qué pretendes transmitir con tu historia que no haya hecho nadie antes.
Todo este punto está relacionado con los conceptos narrativos básicos de tema, conflicto, personajes, etc, que veremos por separado y de forma exhaustiva en otras entradas.

2) Conoce a los que te precedieron.
La historia de la humanidad es una historia de emulación, una sucesión de hombres inquietos que siempre quisieron imitar a la naturaleza y a otros hombres para, en primer lugar, aprender de ellos, y posteriormente igualar o incluso mejorar sus logros. Lo mismo es aplicable a la literatura.
Veo inconcebible pretender ser buen escritor sin ser antes un ávido lector de autores de todas las épocas, estilos y categorías. Como sugería al principio sobre los clásicos griegos, los problemas del hombre de ayer son los problemas del hombre de hoy. Leyendo a los que escribieron antes aprenderás en dos niveles. A nivel formal adquirirás marcas de estilo, vocabulario nuevo, ideas, técnicas y un gran número de recursos literarios. A nivel conceptual comprenderás las inquietudes de los escritores, la conexión emocional que hay entre un autor y su obra, la función de la escritura como forma de emitir un mensaje y, en definitiva, la dimensión humana que se esconde en toda obra literaria y en el trabajo de escritor. Pero no olvides que emular, como lo entendemos nosotros, no es copiar. Emular significa conseguir el mismo fin pero contribuyendo con tu propia aportación única y distintiva.

3) Conoce a tu público.
Cada libro atrae a un tipo de lector. El conjunto de estos lectores conforma el público objetivo. Un niño de diez años tendrá fuera de su alcance entender “Crimen y castigo” y muchos adultos son reticentes a acercarse a la literatura juvenil. No puedes lamentarte por el tipo de personas que no te leen y mucho menos por el tipo de personas que lo hacen. Tú, como creador, tienes la capacidad de elegir el tono de tu obra y su posible destinatario. En el momento que escribes haciendo uso de unos determinados recursos narrativos y estilísticos implicas de forma subyacente a un tipo de receptor ideal para tu obra. No pierdas de vista a quién te estás dirigiendo en lo que se refiere a tu obra literaria. En cuanto al mercado en general no descuides tu conocimiento de los gustos, tendencias y grupos de lectores que pueden formar parte de tu público objetivo en un momento determinado.

Estos tres puntos están relacionados con la gestación temprana de tu obra. Compréndelos y cúmplelos convenientemente porque de ellos dependen el éxito y el futuro de tus escritos. Sé tú el que controla y anticipa su propio destino como escritor.

Amante de las letras profesional y escritor amateur. Comparto mi idilio con la literatura en sttorybox.com

Solo soy infiel a la escritura cuando me cruzo con el maravilloso mundo del cine y el dibujo.

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