Escritores y sus manías: 12 famosos autores y sus extrañas métodos para escribir

Posted on February 3, 2015

¡Hola a todos autores/as! Como ya nos vamos conociendo, a estas alturas ya sabréis lo mucho que nos gusta en Sttorybox ayudaros a encontrar la inspiración que os hace falta para emprender vuestra obra maestra: frases, mensajes de ánimo, consejos, viajes virtuales… Pues bien, hoy estamos especialmente comprometidos con la causa y hemos decidido dejar la tarea en manos expertas. ¿Hay alguien mejor que una gran figura de la literatura para tomar como ejemplo cuando somos incapaces de escribir más de dos palabras seguidas?

Así que hemos salido a investigar para conocer las rutinas y costumbres a la hora de trabajar de los autores más reconocidos de la historia, y poder ofreceros una recopilación de buenas prácticas para convertirse en un brillante, productivo y perseverante escritor. Y lo que nos hemos encontrado por el camino es una gran colección de excentricidades, rutinas peculiares y manías verdaderamente curiosas que nos encantaría compartir con vosotros.

Siguiendo con nuestra adictiva afición a las listas, allá va: ¿Os apetece conocer las costumbres más excéntricas de los siguientes 12 escritores?

STEPHEN KING

Esta vez no vamos a reservarle para más adelante, sino que vamos a inaugurar la lista con él. Por supuesto, el “Maestro del Terror” no podía faltar en esta entrada, así que vamos con él. ¿Os habéis preguntado alguna vez cómo se consigue crear una obra tan extensa como la de Stephen King? Pues parece ser que con mucha disciplina. Por lo visto, el autor no se concede un respiro; trabaja todos los días del año, de lunes a domingo, a partir de las 8 a.m., y se prohíbe a sí mismo levantarse mientras no haya producido 2000 palabras.

THOMAS MANN

Estamos seguros de que más de uno de vosotros tendréis hermanos o hijos pequeños y habréis experimentado más de una vez la dificultad de encontrar a vuestras musas con algún que otro pequeño ser humano corriendo, gritando, … siendo él mismo. ¡Pues no desesperéis! Thomas Mann es el ejemplo perfecto de que eso no supone ninguna barrera para convertirse en un gran escritor. El autor de La Montaña Mágica tuvo nada menos que 6 hijos, con los que supo organizarse muy bien para combinar sus facetas de padre y escritor. Eso sí, ambas partes tenían que firmar un acuerdo irrompible: los niños tenían prohibido hacer ruido desde las 9 de la mañana hasta el mediodía, y su padre debía aplazar cualquier oleada de inspiración literaria fuera de horario hasta el día siguiente.

ERNEST HEMINGWAY

El célebre autor de El Viejo y el Mar, Ernest Hemingway, tenía una incómoda costumbre: escribía siempre de pie. No obstante, no podía hacerlo sin llevar, en bolsillo derecho, sus dos amuletos de la suerte: una pata de conejo y una castaña de indias.

CHARLES DICKENS

Sigamos con nuestra lista, centrándonos ahora en el novelista Charles Dickens. El autor británico llevaba a cabo una minuciosa rutina antes de empezar a escribir. ¿Queréis saber en qué consistía? Estos eran los pasos a seguir: mantener su espacio de trabajo en completo silencio, organizar su estudio hasta el último detalle, colocar el escritorio junto a la ventana y situar sobre él 7 objetos muy concretos: un jarrón de flores frescas, la pluma y el tarro de tinta, un abrecartas, dos estatuillas de bronce, y una bandeja con un conejo sobre ella.

DAVID LAWRENCE

El autor británico David Lawrence, cuya polémica obra le costó vivir exiliado casi toda su vida, esconde alguna que otra anécdota igual de controvertida en torno a sus costumbres creadoras. De hecho, una de sus actividades favoritas para dejar atrás el estrés consistía precisamente en desnudarse y disfrutar de la naturaleza, a poder ser sobre la copa de un árbol.

SAUL BELLOW

El Nobel de Literatura Saul Bellow puede presumir de una capacidad sublime para activar su modo “multitarea”. Al parecer, el autor americano era capaz de escribir su obra mientras atendía constantes llamadas telefónicas de editores, amigos y estudiantes. ¿Dónde está el truco? Por lo visto Bellow descubrió en algún momento de su carrera un modo muy extravagante de recuperar la concentración de manera instantánea: haciendo el pino.

TRUMAN CAPOTE

Hablemos ahora de las extrañas manías del autor más supersticioso de esta lista, el norteamericano Truman Capote. El autor de Breakfast at Tiffany’s, la novela en la que se inspiró la famosa película Desayuno con Diamantes, trabajaba siempre sobre la cama, y tenía la costumbre de replicar tres veces sus manuscritos: dos a mano y una última, la definitiva, a máquina. Otro detalle curioso sobre sus manías es que era incapaz de dejar más de tres colillas en el cenicero, por lo que guardaba el resto dentro de sus bolsillos. ¿Alguno de vosotros comparte esta manía?

DAN BROWN

Pasamos ahora a hablar del responsable de la célebre novela El código Da Vinci, el estadounidense Dan Brown. Si sois de los que tenéis problemas de concentración y sufrís las tan indeseables migrañas, tal vez podáis seguir el método de Brown. Consiste básicamente en colgarse boca abajo de los tobillos. Pero no es su única manía peculiar. Además, el autor tiene la costumbre de parar de escribir cada hora para hacer flexiones y contarlas con un reloj de arena.

H. DE BALZAC

El escritor francés Honoré de Balzac pasará a la historia por su colosal proyecto literario La Comedia Humana, una colección de decenas de novelas destinadas a reflejar minuciosamente la sociedad francesa de la época. ¿Cómo se escribe semejante obra? Pues con alguna que otra extraña manía de por medio. Parece ser que Balzar necesitaba mantener la habitación en la que trabajaba completamente aislada del exterior, para no saber si era de día o de noche. Además, era capaz de tomar más de 50 tazas de café al día para mantener la concentración. Desde luego, no es una rutina que pudiera soportar cualquiera.

JONATHAN FRANZEN

Atentos a continuación a los drásticos métodos anti-distracción de Jonathan Franzen, otro escritor aficionado a trabajar en completo aislamiento. Mientras escribía Las Correciones, novela que le ha concedido el reconocimiento internacional, Franzen se encerraba en su estudio en completa oscuridad y con tapones para los oídos. Pero no bastaba con eso. Para asegurar absolutamente su aislamiento, se ponía, además, orejeras y se vendaba los ojos.

GERTRUCE STEIN

 La poetisa y escritora estadounidense Gertrude Stein consiguió encontrar, por su parte, la versión terrenal de sus musas. ¿Dónde? En las vacas. Sí, las obras de Stein, destacadas por su elevado carácter experimental, fueron escritas mientras la autora contemplaba vacas. No hay que subestimar el potencial artístico del ganado.

ARTHUR MILLER

Para cerrar esta colección de rarezas hemos escogido a nuestro maniático (dicho desde el cariño) favorito. Arthur Miller es el escritor que más nos ha sorprendido con su método para escoger el borrador definitivo, basado esencialmente en la Selección Natural. Porque, ¿para qué vas a pasar horas releyendo si puedes dejar que gane el más fuerte? Lo que Miller hacía después de pasar la mañana escribiendo era, sencillamente, destrozarlo todo. Y lo que lograba sobrevivir al apocalipsis literario que montaba se convertía en material óptimo para sus obras. Para nosotros ha ganado.

¿Os habéis sentido identificados con alguno de ellos? ¿Tenéis es alguna manía inconfesable que este post os haya animado a hacer pública? Si es así estaremos deseando leerlas y, por supuesto, recoger todas las historias a las que vuestros rituales de concentración den lugar, como siempre, en Sttorybox.

Soy algo que redacta, cuenta historias, y hace cosas con imágenes. Preferentemente divulgativas. A poder ser, sobre comida.

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