Lecturas para el verano I – Los nueve libros de la Historia

Posted on June 17, 2015

El verano es la época ideal para viajar. Las vacaciones nos permiten visitar países desconocidos y disfrutar de aquellos lugares y culturas que para ser valorados en toda su amplitud requieren de nuestro tiempo y dedicación, aspectos de los que solo disponemos durante los meses estivales.

Hay una categoría literaria llamada literatura de viajes que consiste en el registro por escrito de las experiencias y reflexiones experimentadas por un autor durante un viaje a algún destino preparado o improvisado. En estos libros las fronteras entre la mera crónica, el diario de una exploración, los apuntes sobre un viaje interior y la creación narrativa se confunden. No todos los títulos que pertenecen a este grupo utilizan una narración tradicional con inicio, nudo y desenlace. No obstante la literatura de viajes es prolija en ejemplos que recurren al viaje como excusa perfecta dentro de la que enmarcar una buena trama.

El viaje como tal es un elemento primordial en la literatura. Ya en la recomendación que hicimos hace poco de la “Epopeya de Gilgamesh”, mencionamos el primer ejemplo conocido del modelo narrativo de el viaje del héroe, al iniciar Gilgamesh y su compañero de fatigas, Enkidu, un periplo desde la fantástica ciudad de Uruk, en Mesopotamia, hasta la tierra de los cedros, el Líbano, en busca de gloria y aventuras.

Los clásicos griegos perpetuaron este recurso. El ejemplo más conocido es sin duda “La Odisea”, escrita por Homero, que relata el accidentado regreso a Ítaca de su rey, Odiseo, al finalizar la guerra de Troya en la que había participado y que lo había mantenido alejado de su hogar durante diez años.

Pero con los griegos también surge el viaje como experiencia y objeto de estudio, además de como contenedor de un relato. En una civilización donde medraban las ansias por el saber y el conocimiento, también nació la curiosidad por revelar qué se encontraba más allá del Egeo. Incluso algunos quisieron cartografiar el mundo conocido. Nace así la figura del logógrafo, que sería el antecesor de lo que hoy llamamos historiador y geógrafo, y que culminaría en el personaje de Heródoto de Halicarnaso, padre de la Historia.

“Los nueve libros de la Historia”, Heródoto de Halicarnaso

Heródoto es conocido porque dedicó su vida a escribir las crónicas que más tarde serían denominadas “Los nueve libros de la Historia” y que podemos considerar como unos libros de viajes de la antigüedad.

El objetivo de Heródoto era narrar y explicar el gran conflicto bélico que marcó a toda su generación: las Guerras Médicas, que enfrentaron al Imperio persa contra las ciudades-estado de Grecia, con Atenas y Esparta a la cabeza.

Heródoto deseaba realizar un trabajo de investigación de primera mano que explicara las causas del conflicto y el contexto social, económico, cultural y político de los agentes implicados en él, acudiendo a las fuentes directas. Es por esto que se propuso realizar un viaje a las áreas geográficas más representativas en búsqueda de información.

Así Heródoto, que era natural de una colonia griega situada en la actual Turquía, visitó Egipto, Fenicia, Babilonia, Grecia y otras regiones. En una época sin tecnología ni medios de transporte fiables, con peligro en los caminos en forma de hombre o de bestia, con enfermedades como la malaria acechando bajo el cálido sol de Oriente Medio y África; es realmente digno de admirar el tesón y el afán que aquel historiador empedernido dedicó a su trabajo de documentación.

Cada libro de los nueve se centra en algún pueblo o etapa protagonista de aquella guerra entre bárbaros y helenos. Heródoto engarza los episodios puramente históricos con otros dedicados a descripciones de los pueblos participantes, sus costumbres, sus características y su legado. Así, antes de relatar la conquista que el Imperio persa realizó sobre Egipto, Heródoto dedica todo un libro a contarnos curiosidades geográficas y culturales sobre el país del Nilo, entre las que no pueden faltar la descripción de las pirámides y la impresión que ejerció tal maravilla sobre él.

Pero Heródoto no se ciñe solo a lo histórico y veraz, no se conforma con lo que han visto él y sus mayores de primera mano. Heródoto proviene de una cultura aún apegada a lo mítico y a lo heroico. Es por ello que no le tiembla el pulso a la hora de dedicar espacio también a leyendas, cuentos populares y anécdotas de toda clase sobre persas, griegos, egipcios, escitas, libios y otros pueblos. Es lo que conocemos como tradición oral y fueron los propios lugareños y sabios autóctonos los que se la transmitieron.

En muchas ocasiones el propio Heródoto es consciente de lo inverosímil de este último tipo de información, y con honestidad nos avisa de que ni él mismo da credibilidad a sus fuentes. Pero gracias a la tolerancia del historiador en este aspecto, al final “Los nueve libros de la Historia” son en conjunto una obra espectacular que combina historia pura y dura, antropología, cultura, tradición, narrativa y fantasía. En “Los nueve libros de la Historia” comparten el mismo lugar tanto la crónica precisa de la batalla de Salamina, el relato novelado del ascenso de Darío al trono persa y la descripción del sistema administrativo de su Imperio; como la leyenda del origen de los pueblos escitas, la historia fantástica de cómo indios y chinos recolectaban oro o la descripción del gran laberinto que una vez existió en Egipto y que, nos dice Heródoto, era de mayor tamaño y más impresionante aún que las grandes pirámides.

La primera guía turística del mundo

“Los nueves libros de la Historia” no son sencillos de leer. No hay dificultad real en el estilo, que es bastante cercano y ameno, pero es un compendio extenso y profuso en datos para el que el lector actual debe cambiar el chip. No existen diálogos como los entendemos, es un texto descriptivo y relatado. Los exordios y digresiones son habituales y puede que tengamos que leer varias páginas de contenidos geográficos, culturales y etnográficos hasta volver al hilo conductor central de las Guerras Médicas.

No es lectura para un único mes. Tal vez no lo es ni para un único verano. Pero es sin duda una obra imprescindible, especialmente para cualquier amante de la Historia y las civilizaciones antiguas. Es recomendable acudir a una buena versión con anotaciones precisas que amplíen y expliquen lo que nos cuenta Heródoto y también le corrijan porque, como se ha dicho, Heródoto recurre a fuentes de diversa índole y fiabilidad que no tienen por qué tener razón. Heródoto siempre prefirió que algo quedara dicho sobre algún asunto, aunque no fuera acertado, a no atreverse a dar una respuesta al lector. Es por esto que las imprecisiones asoman en no pocas ocasiones. La guía de un buen anotador es sin duda valiosa.

Personalmente recomiendo la versión de C. Schrader de la editorial Gredos (editorial experta en literatura grecolatina en español, por cierto, y que recomiendo para cualquier texto de este ámbito). Aunque no es barata, compensa absolutamente su precio.

Heródoto fue el padre de la Historia, pero ante todo fue un turista incansable siempre ávido por aprender nuevas cosas sobre los lugares que visitaba y siempre dispuesto a compartir este conocimiento con los demás. Debemos estarle agradecidos por servirnos lo que es sin duda la primera gran guía turística del mundo que existió durante el siglo V a.C.

Amante de las letras profesional y escritor amateur. Comparto mi idilio con la literatura en sttorybox.com

Solo soy infiel a la escritura cuando me cruzo con el maravilloso mundo del cine y el dibujo.

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