Lecturas para el verano XIII – El viejo y el mar

Posted on September 17, 2015

Con la entrada de hoy termina el ciclo semanal de recomendaciones de lecturas para el verano. Hemos realizado trece entradas en total que nos han permitido dedicar un espacio a relatos y obras para todos los gustos. Hemos reseñado títulos de cómics, novela policíaca, de terror, ciencia ficción, realismo, documental, historia e incluso filosofía. He intentado que todas ellas cumplieran en la medida de lo posible al menos uno de estos dos requisitos: que el tema principal tuviera alguna relación con la estación veraniega o que su longitud fuera apropiada para completar su lectura en poco tiempo, ya que durante las vacaciones paradójicamente muchos dejamos la lectura aparcada en segundo plano (para otros en cambio sucede el caso contrario).

La última de las recomendaciones cumple los dos requisitos por igual. Es un relato corto de poco más de 150 páginas, que puede ser leído en un par de tardes con tranquilidad, y su título alude a uno de los mayores símbolos del periodo estival: el vasto océano. Me refiero a “El viejo y el mar”.

Último libro del verano: “El viejo y el mar”

Escrita por Ernest Hemingway en 1952, “El viejo y el mar” es un relato de naturaleza crepuscular por dos razones. En primer lugar, fue el último gran trabajo publicado en vida de Hemingway, autor colosal que con esta breve historia puso el colofón final a una trayectoria por la que se le concedería el Premio Nobel de Literatura apenas dos años después. El segundo motivo reside en la propia historia que se narra.

El protagonista del relato, Santiago, es un pescador que reside en La Habana. Allí es conocido por todos como “el viejo” por su avanzada edad. La persona que más trata con él es Manolín, un joven vecino que acompaña al viejo en sus salidas al mar en busca de buenas piezas que pescar. Pero tras numerosos días sin conseguir capturar un solo pez, los padres de Manolín le prohíben volver a acompañar al viejo porque la mala racha que está atravesando parece no tener fin. De seguir así la situación Manolín no aprenderá a ser un buen pescador y no traerá nada para poner en la mesa.

Sin embargo Manolín siente tal afecto hacia el viejo que aún sigue esperándolo en el puerto tras cada salida para ayudarle a recoger los apeos de pesca, conversar sobre baseball e incluso prepararle algo de comer. Un día, tras 84 sin obtener nada en sus redes, el viejo anuncia a Manolín que cuando amanezca una nueva jornada saldrá solo decidido a acabar con su mala racha de una vez por todas.

Al alba el viejo cumple su promesa y se embarca en solitario hacia el estrecho de Florida, en cuyas aguas echa los sedales y cebos. Poco después los deseos del viejo parecen cumplirse cuando uno de los sedales se balancea movido por una captura que se revuelve bajo el agua. Cuando el viejo intenta atraer al bote su premio, se da cuenta por el peso de que no ha atrapado un pez cualquiera, sino que se trata de un animal de gran tamaño. El colosal pez se niega a darse por vencido y forcejea evitando salir a la superficie. En ese momento el viejo se da cuenta de que ha empezado una batalla entre hombre y animal, el primero en decadencia, luchando por recuperar la fe en sí mismo, el segundo en su plenitud y combatiendo por su vida.

La narración introspectiva en la obra de Hemingway

Es difícil narrar una historia en la que el personaje principal se encuentra completamente solo. El personaje no tiene a nadie con quien hablar ni interactuar, no tiene manera de expresarse. En estos casos cobra relevante importancia el trabajo introspectivo. En el caso de “El viejo y el mar,” la larga lucha con el pez se adereza con los recuerdos del viejo de sus días de juventud y pesca en las blancas costas de África sobre cuya arena se tumbaban los leones, sus preocupaciones sobre Manolín, su placer por el baseball…

También la personalización de las cosas es un recurso utilizado en estas situaciones. Santiago conversa con el poderoso pez, analiza el comportamiento y las reacciones del animal a través del sedal como si de una persona se tratara y durante la lucha con él llega a admirarlo hasta el punto de preguntarse si debería dejarlo ir, aunque eso suponga no recuperarse nunca de su mala racha.

Y por supuesto, más allá de estas dimensiones internas y simbólicas existe una pelea física y real en la que el viejo es llevado al límite, permaneciendo varios días en el mar pugnando para conseguir su presa, sujetando el sedal con las manos y esperando el ansiado momento en el que mirará a su rival pisciforme a los ojos.

Considero que “El viejo y el mar” es una de las mejores opciones para cerrar este ciclo de recomendaciones. Espero que tanto este como los anteriores títulos reseñados os hayan resultado de interés y alguno de ellos os aporte algo valioso tras su lectura.

Amante de las letras profesional y escritor amateur. Comparto mi idilio con la literatura en sttorybox.com

Solo soy infiel a la escritura cuando me cruzo con el maravilloso mundo del cine y el dibujo.

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