Mantente a salvo, pero no demasiado. ¡Eso es ser escritor!

Posted on September 8, 2015

¡Hola de nuevo!

Hoy es martes. Y, como ya sabrás si has leído nuestro último post, “Palabras que te volverán loco”, la semana pasada no pisamos la red, por lo que estábamos deseando que llegara este día para volver a retomar las viejas costumbres. Desde luego, la espera ha merecido la pena, puesto que hoy traemos una de esas joyas literarias que tanto gustan a amantes de las letras como tú :)

La responsable del artículo de hoy es la escritora norteamericana M. Molly Backes, autora de literatura juvenil, que cuenta en uno de los posts de su blog como una día una madre, acompañada de su hija, le planteó una simple cuestión: “Mi hija quiere ser escritora. ¿Qué deberíamos hacer?”. Tras unos minutos conversando sobre hábitos clásicos, rutinas y obras recomendadas, ambas se dieron cuenta de que en ese fugaz intercambio de instrucciones para “ser escritor” faltaba algo. No sabemos si se trata de una experiencia real o una ficción introductoria. Sea como sea, lo importante es que éste es el contexto en el que se desarrolla la reflexión que Backes nos regala justo después. Porque convertirse en escritor debe ser “algo más” que seguir una lista de pasos y tú lo sabes muy bien. Tanto si eres un autor cachorro, como si tienes un hijo que quiere entregarse a las musas o te encuentras en la plenitud de tu carrera, te recomendamos que leas lo que viene a continuación. Seas quién seas, si alguna vez has sentido la llamada literaria, estamos seguros de que te sentirás identificado con este verdadero “manual” para escritores:

“Lo que deberías hacer para ayudar a tu hija a lograr su sueño de convertirse en escritora”, M. Molly Backes

En primer lugar, deja que se aburra. Que pase largas tardes sin tener absolutamente nada que hacer. Limita su tiempo para ver la televisión y navegar por Internet y aléjala del teléfono. Haz lo posible porque su verano esté lleno de mañanas perezosas y tardes en las nubes. Asegúrate de que tenga carné de la biblioteca y un rincón cómodo en el que acurrucarse con un libro. Dale un cuaderno y cinco dólares para que pueda comprar un buen bolígrafo. Insiste en que pase tiempo en familia, si puede ser en otro Estado, mucho mejor; en una cabaña en el bosque o en la casa del lago, lejos de sus amigos y de personas de su edad. Mantenla ocupada con tareas domésticas aburridas. Encárgale que corte el césped, que lave los platos o que pinte el garaje. Llévatela contigo a dar largos paseos y dile que simplemente quieres que escuche los sonidos de las casas vecinas.

Deja que esté sola. Deja que piense que nadie en el mundo la comprende de verdad. Dale la libertad de enamorarse de la persona errónea, de perder su corazón y encontrárselo aplastado, maltratado y roto. En ocasiones, muéstrate demasiado ocupada para escuchar, mantente distraída con otra cosas, sumérgete en un buen libro o sal por ahí con tus propios amigos.

Respeta que tenga secretos. Permite que posea su propia carpeta en el ordenador familiar y evita la tentación de leer lo que escribe en su cuaderno. Escribir será su refugio, su lugar para experimentar y lidiar con la confusión, las emociones y los sentimientos. Si comparte sus textos contigo apoya y valora su duro esfuerzo y el viaje que está realizando. Hazle preguntas sobre su trabajo y sobre el proceso. Pregúntale sobre la parte más difícil de cada creación y sobre aquélla de la que se siente más orgullosa. No digas nada sobre publicar a no ser que ella lo haga primero. Recuerda que la escritura en sí misma es la recompensa.

Deja que consiga un empleo y que trabaje largas horas por un sueldo de mierda, con un jefe mezquino y clientes maleducados. Si quiere ser escritora, tendrá que acostumbrarse al trabajo duro y a un sueldo bajo. Accede a que gaste su propio dinero en libros y café latte, sabrán mucho más dulces si ha trabajado duro para conseguirlos.

Acepta que fracase, que escriba páginas y páginas de poesía pésima y prosa terrible. Deja que cree fan fictions espantosos y no te vuelvas loca cuando te muestres historias en las que Bella Swan se enrolla con Draco Malfoy. Nunca te tomes sus textos de forma personal ni pienses que tienen algo que ver contigo, incluso aunque todos ellos traten sobre madres muertas y orfanatos.

Respeta que no escriba si no quiere y nunca la agobies, aunque se sienta feliz cuando lo hace y se comporte de un modo insufrible cuando no.  Si lo desea, no impidas que deje de escribir para siempre.

Que cometa errores.

Que se quede en el instituto después de clase para trabajar en el periódico, pero solo si le apetece. Deja que publique vergonzosas historias personales en la revista literaria de la escuela. Que divulgue los secretos familiares y diga la verdad, incluso aunque tú prefieras no oírla.

Permite que pase la noche fuera bajo las estrellas y dale una linterna para que pueda escribir.

Deja que encuentre su propia voz, aunque primero tenga que probar las voces de otros cientos primero. Que descubra su propia verdad, aunque tenga que caminar en círculos alrededor de mentiras escandalosas para conseguirlo.

Que escriba poesía con sus vaqueros, sus zapatillas y su mochila, aunque le acabes de comprar otros nuevos.

Mantenla a salvo, pero no demasiado; cómoda pero no “demasiado cómoda”; feliz, pero nunca en exceso.

Más allá de todo esto, quiérela y apóyala. Quiérela y cree en ella. Quiérela y déjala marchar. Al final, tu amor es todo lo que importa y será suficiente. El resto saldrá de ella“.

(Adaptación del texto original de M. Molly Backes “How to be a writer”.)

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¿Qué recuerdas con más cariño de tu adolescencia como escritor? ¿Te sientes identificado con las emociones que refleja el texto? Si te ha gustado y quieres participar, no seas tímido/a y déjanos un comentario. ¿Ha conseguido Molly Backes despertar la chispa de tu creatividad? Entonces estás de suerte: Sttorybox abre hoy (y mañana, y mañana, …).

¡Un abrazo!

Soy algo que redacta, cuenta historias, y hace cosas con imágenes. Preferentemente divulgativas. A poder ser, sobre comida.

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