“Querido lector”, las 1000 vidas de un libro

Posted on June 9, 2015

Hola de nuevo, lector :)

Ya sabes que de vez en cuando nos gusta dejar a un lado nuestra faceta recolectora para centrarnos en un único descubrimiento, siempre y cuando se gane a pulso su protagonismo, por supuesto. ¿Y por qué te cuento esto? Porque es exactamente lo que ha ocurrido este martes. El post de hoy deja a un lado cualquier posible ranking para centrarse en un único finalista. ¿Qué me dices? ¿Te apetece leer algo diferente? ¡Vamos a ello!

Si bien es cierto que, generalmente, dedicamos gran parte de nuestros esfuerzos a generar contenido valioso y útil para todos aquellos escritores que vienen aquí en busca de inspiración y consejos, no queremos que pienses que nos olvidamos del otro gran eslabón que hace posible que se ponga en marcha el gran juego de la literatura. Así pues, este post va especialmente dedicado a ese otro 50% sin el cuál no existiríamos: el lector.

Esta semana hemos preparado una traducción que sin duda te conmoverá si eres de los que piensa que un libro no es solo un trozo de papel entre dos tapas, si has sentido alguna vez como ese pequeño volumen escondido al final de una estantería podía convertirse en su mejor amigo y su mayor confidente. Para todos los que, como tú, han vivido esa fuerte conexión, Nicole Dusseljee ha creado este precioso testimonio titulado “Dear Reader” que narra la parte menos conocida de las 1000 vidas de un libro y que hemos querido adaptar para ti. ¡Esperamos que lo disfrutes!

otra

Querido lector,

Soy un libro. No un poema o una hoja en blanco, ni un manojo de notas o una pila de papeles unidos por un clip, sino un libro.

 Soy ese libro que todavía está siendo escrito. He sido ojeado, ignorado y escogido; y es que he sido muchos libros para muchas personas.

He sido ese libro que no te llevaste. Mi portada estaba demasiado desgastada, mi fuente pasada de moda. Mi cubierta de tapa dura era demasiado gruesa para la arena y la sal, por lo que escogiste un libro de bolsillo en mi lugar.

He sido ese libro que te llevaste pero nunca llegaste a abrir. Me descubriste en una extraña librería, me tocaste y te encaprichaste de mí. Encontraste mi portada interesante, pero aparecieron otras cosas en tu camino y olvidaste que una vez yo también fui interesante para ti.

He sido ese libro que abriste pero nunca leíste. Fui un regalo que agradeciste hojeando rápidamente algunas de mis páginas. Mi vocabulario era confuso, mis frases complejas. La cordialidad no va más allá.

He sido ese libro que leíste parcialmente. Dejaste entre mis hojas trozos de papel, recibos y servilletas manchadas de café para marcar el punto por el que debías continuar. Pero no lo hiciste. Abandonaste mis párrafos y me dejaste manchado de lápiz.

He sido ese libro que arrojaste al fuego. Arrancaste mis páginas, las convertiste en astillas y me quemaste como combustible para mantenerte caliente. Sobreviviste a costa de mis capítulos.

He sido ese libro para el que no tuviste tiempo. Yo no era más que otra tarea más a tachar de tu lista, así que me echaste un vistazo, te saltaste algunas líneas, y comprendiste muy poco. Me soltaste tan pronto como descubriste el final.

He sido ese libro que dices que has leído aunque en realidad nunca lo has hecho. Revisaste con rapidez mi contraportada y tomaste el resumen como la propia historia. Estoy cogiendo polvo en el suelo al lado de tu cama.

He sido ese libro que pensaste que contenía todas las respuestas. Me llevaste contigo a cualquier sitio: bancos del parque, trenes y lavanderías con olor a humedad. Doblaste mis esquinas y me ignoraste tan pronto como te diste cuenta de que no podía darte nada de lo que querías, nada de lo que necesitabas.

Y entonces llegaste tú. Acariciaste mi lomo con curiosidad, recorriste las letras de mi título con tus dedos callosos. Me recogiste, me abriste y me leíste lenta y cuidadosamente. Me quitaste los trozos de papel y borraste las manchas. Te detuviste en mi líneas y las marcaste únicamente con tus huellas dactilares. Mis historias y estrofas fueron suficiente para mantenerte caliente.

Me llevaste entre tus manos, te quedaste dormido conmigo sobre tu pecho. Para ti, mis ásperas y resquebrajadas páginas eran perfectas, mi portada raída confortable. Me leíste capítulo a capítulo, encontraste sombras de significado en mis espacios en blanco. Saboreaste la escritura al inicio y a la mitad, apreciaste las páginas vacías de mi final.

Soy el libro que leíste y que todavía continúas leyendo. Te invito a escribir tu historia a través de mí.

(Traducción del texto original de Nicole Dusseljee “Dear Reader“)

¿Qué te ha parecido estimado lector? ¿Cuál es ESE libro para ti, el que ha dormido sobre tu pecho, el que guardas en un rincón especial y que llegó a ti cuando más falta te hacía? Déjanos un comentario y preséntanoslo. Y si todavía no lo has encontrado, no te rindas; sigue creando y descubriendo historias con nosotros en Sttorybox. 

Soy algo que redacta, cuenta historias, y hace cosas con imágenes. Preferentemente divulgativas. A poder ser, sobre comida.

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